Artículo de opinión: Orgullo de empresario

Orgullo de empresario.

Dedicado al colectivo empresarial con el orgullo tocado
Por Carlos J. Bernabé. Presidente de la Asociación de Empresas de Moncada y Alfara del Patriarca (AEMON).

De todos es conocida la situación actual del empresario español y en particular del emprendedor valenciano. Emprendedor que en un momento d su vida decidió dar cuerpo y alma a un proyecto que seguro llevaba meditando horas, días, meses y tal vez algún año. El emprendedor se caracteriza por la fuerte voluntad de creer en un proyecto, se visionarlo y finalmente ejecutarlo. Y hasta que no lo consigue, sus neuronas son un torrente de actividad sináptica que no le dejan vivir o pensar en otra cosa. Así, mientras que los no emprendedores ocupan su ocio en actividades lúdicas o en su merecido descanso, los que están infectados por el virus de construir su proyecto vital no hacen más que destinar este tiempo a proyectar su visión. Si puede, involucra a su familia que le acompaña en su “ilusión”, pero otros tienen que cabalgar o transitar solos por ese desierto sin agua ni parajes frondosos.

Cuando por fin el emprendedor realiza su “sueño” y se convierte en empresario se inicia un arduo trabajo que solo es superado por los mejores. Esta selección natural filtra a los emprendedores concienzudos de los pseudoemprendedores que al socaire d una economía engañosa, han edificado una empresa con pies de barro, como ha ocurrido estos últimos años en España.

Es un arduo trabajo ya que l emprendedor auto convertido en empresario, tiene que conocer y dominar diferentes áreas de conocimiento. Tendrá que conocer el producto que quiere lanzar al mercado, deberá controlar y supervisar la economía d su proyecto, tener dotes comerciales, ser psicólogo y, además de todo eso, tener suerte. Esta suerte necesaria al inicio de la actividad y que va unida al gran esfuerzo desempeñado ya que la suerte siempre le pilla a uno trabajando. Hoy en día, además es imprescindible que no suceda lo que en el lenguaje popular se denomina “que no te enganchen”.

Actualmente, empresas que han pasado por todas las etapas anteriormente comentadas y que sus fundadores están llegando a su “obligada” jubilación, están pasando por graves problemas ajenos a su saber hacer y a sus constantes renovadas fuerzas de continuar a la brecha de su empresa, defendiendo los puestos de trabajo aún a expensas de presentar pérdidas, porque el empresario antes que nada es una persona con un inmenso orgullo de serlo y su obcecación es mantener esos puestos hasta las últimas consecuencias. Estos empresarios a los que me refiero no disponen de gabinete jurídico o de personal que hacen esa labor, sino que son los empresarios que han visto crecer a sus operarios, que conocen a sus hijos, que responden ante las dificultades de sus colaboradores y que realizar un despido es herirle en su más producto orgullo. Porque de una forma irracional ha unido el éxito de su proyecto empresarial a al destino de sus trabajadores y cuando ese hilo se rompe, le duele en el alma tener que prescindir de un solo de los suyos.

Empresas que han padecido las anteriores crisis económicas y que salieron reforzadas de las mismas supieron continuar y crear nuevos puestos de trabajo, se ven ahora amenazados por la plaga o epidemia de los impagados, “ya m’han enganxat”, y de los retrasos abusivos de los organismos oficiales y de las grandes industrias. Y para esta necrosis del tejido empresarial, los impagados, no caben ni vacunas, ni seguros ni la relación de confianza habitual que siempre se han mantenido entre proveedor y cliente a través de largos años de colaboración mutua. N estos momentos un ERE, una suspensión de pagos o un cerrojazo de una empresa es el cáncer más agresivo que se le puede presentar a una pyme o una micro pyme, que son la gran mayoría d las empresas valencianas.

Y ante esta dramática situación uno se pregunta qué protección tiene el emprendedor que en su momento inició su empresa, arriesgando su patrimonio, qué le queda al quién toda su vida ha estado alimentado su “hijo” fruto de largas noches de insomnios y de fuertes quebraderos de cabeza. No le queda ni el desempleo que ya de por si es gravísimo, pero lo que ya no le queda es el orgullo de emprendedor mortalmente herido.

Continuando con esta reflexión, qué culpa tiene el empresario al que le han afectado los problemas de su cliente de toda la vida. La respuesta es ninguna. Y sin embargo cada día vemos a más empresarios que su orgullo, su ilusión y su pasión por el proyecto creado, están tocados. Una situación que se agrava cuando los bancos le niegan su apoyo y, son esta situación ya no le queda otra salida que “bajar la persiana”.

¿Cuántas empresas y puestos de trabajo se hubieran conservado protegiendo a estas empresas con el dinero que se ha destinado a sanear a la banca, por ejemplo? Por no hablar de los sueldos abusivos de sus directivos y de los grandes proyectos políticos realizados sin un retorno económico acorde a la inversión ejecutada.

En nuestros días el empresario es el bien a conservar, la especie en extinción que es obligatorio cuidar y apoyar. Si nuestra clase política y sindical comprendiera esto tan elemental, si los políticos y sindicalistas hubiesen sido antes emprendedores seguro que entenderían mejor que el orgullo del empresario no puede mancillarse de esta forma. Y que sin este orgullo ningún país es nada, ningún político y sindicalista sirven para nada y la nada es la completa miseria.

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